Parte 2: La abogada seguía en la línea. Le repetí exactamente

Pilar se secó los ojos.

—A veces le tenemos miedo a su enfado.

La miré.

—¿Os ha amenazado?

—No nos ha pegado, si eso es lo que preguntas. Pero grita. Nos dice que somos una carga, que no sabemos hacer nada y que deberíamos agradecerle que esté aquí.

Sentí una oleada de indignación.

—Mamá, no tenéis que soportar eso.

—Lo sé, hijo. Pero cuando uno es mayor, todo se vuelve más complicado. Tu padre se cansa. Yo ya no puedo hacer lo que hacía antes. Y Sergio nos dice que nadie más querrá ocuparse de nosotros.

Le tomé las manos.

—Yo quiero ocuparme de vosotros. Pero no quiero quitaros vuestra independencia. Quiero que tengáis opciones, que podáis decidir y que nunca volváis a sentir que sois una carga.Pilar apoyó la frente en mi hombro.

Aquella noche no hablamos más de documentos ni de dinero.

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