PARTE 2: La esposa a la que humilló era la hija del hombre que podía destruir su imperio

El acuerdo prometía millones.

Y Spencer estaba convencido de que, una vez firmado, nadie podría cuestionar sus decisiones.

Ni siquiera su esposa.

Paisley le acomodó la solapa.

—¿Cuándo vas a presentar los papeles del divorcio?

—Pronto.

—Llevas meses diciendo lo mismo.

Spencer endureció la mirada.

—Phoebe no tiene adónde ir. No tiene ingresos propios importantes ni una familia dispuesta a intervenir. Cuando vuelva a casa, firmará.

Paisley sonrió.

—¿Y si no firma?

—Firmará.

Lo dijo con tanta seguridad que ella dejó de hacer preguntas.

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