El acuerdo prometía millones.
Y Spencer estaba convencido de que, una vez firmado, nadie podría cuestionar sus decisiones.
Ni siquiera su esposa.
Paisley le acomodó la solapa.
—¿Cuándo vas a presentar los papeles del divorcio?
—Pronto.
—Llevas meses diciendo lo mismo.
Spencer endureció la mirada.
—Phoebe no tiene adónde ir. No tiene ingresos propios importantes ni una familia dispuesta a intervenir. Cuando vuelva a casa, firmará.
Paisley sonrió.
—¿Y si no firma?
—Firmará.
Lo dijo con tanta seguridad que ella dejó de hacer preguntas.