Clara la miró fijamente.
—Entonces debiste decir la verdad cuando aún podías.
Las siguientes cuarenta y ocho horas cambiaron todo.
Las investigaciones revelaron que el hombre del ataúd era
un desconocido fallecido sin familiares cercanos cuya identidad había sido manipulada para simular la muerte de Leonardo.
El plan consistía en cobrar un enorme seguro de vida, vender las acciones del ingeniero y transferir millones de dólares al extranjero.
Pero todavía faltaba encontrar a Leonardo.
Tres días después sonó el teléfono de Clara.
Era el detective.
—Señora Vance…
Ella apenas podía respirar.
—¿Lo encontraron?
Hubo unos segundos de silencio.
—Sí.
Las lágrimas comenzaron a caer antes de escuchar la siguiente frase.
—Está vivo.
Clara se dejó caer sobre una silla.
Leonardo había sido retenido en una cabaña abandonada a las afueras de la ciudad, sedado durante varios días para impedir que apareciera antes de completar el fraude.