us ausencias en las misiones, había decidido rehacer mi vida lejos de la base militar. Durante ocho años, mi exesposo vivió con la amarga convicción de que su matrimonio había fracasado por culpa de mi rencor, mientras que yo viví con el dolor lacerante de creer que el padre de mis hijos los había abandonado a su suerte con una frialdad inhumana.
—No solo interceptó la correspondencia privada, señora Reynolds —intervino el agente principal de la policía de investigación militar, sacando una serie de carpetas selladas con el escudo del Departamento de Defensa—. Durante casi una década, usted utilizó las credenciales de su difunto esposo, general de división, para tener acceso al buzón oficial de la unidad de despliegue en ultramar. Quemó más de cuarenta cartas, retuvo las ecografías prenatales y falsificó la firma de su hijo en el acta de disolución conyugal donde se declaraba falsamente la «ausencia de descendencia».