PARTE 2: LOS TRES HEREDEROS DE ETHAN LANCASTER

El salón permaneció en silencio durante varios segundos.

Luego comenzaron los aplausos.

Yo observé a Daniel, Michael y Lucas.

No parecían impresionados por la cantidad de dinero que se anunciaba.

Estaban orgullosos de que, por una vez, su padre hubiera hablado sin intentar imponerles nada.

Cuando terminó la gala, Ethan se acercó a mí.

—Isabella, sé que nunca podré devolverte esos catorce años.

—No —respondí—. No puedes.

Asintió lentamente.

—Pero quiero darte las gracias por haberlos criado. Por haberlos protegido. Y por no haberles enseñado a odiarme.

Lo miré durante un largo momento.

—Nunca les enseñé a odiarte porque no quería que crecieran cargando con tu ausencia. Quería que fueran libres de decidir quiénes querían ser.

Ethan bajó la cabeza.

—¿Crees que algún día podrías perdonarme?

No respondí inmediatamente.

El perdón no era una obligación.

Tampoco era una recompensa que pudiera ganarse después de realizar suficientes buenas acciones.

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