—Ahora estás entendiendo.
Pasé entre los dos.
Rosa seguía al final del pasillo. Cuando nuestras miradas se encontraron, vi miedo en su cara.
No dije nada.
Todavía no.
Bajé a la sala y me senté con el teléfono entre las manos. Abrí el archivo de seguridad.
La descarga había terminado.
Semanas.
Eso era lo que había guardado.
No una tarde.
No una discusión.
Semanas.
Había empezado a descargar los respaldos después de aquella lámpara rota. Al principio me había dicho que sólo quería conservarlos por si Ethan volvía a perder el control.
Luego dejé de preguntarme por qué.
Abrí la grabación de esa tarde.
Ahí estaba él, frente al cuarto del bebé.
Ahí estaba yo.
Ahí estaba su brazo impidiéndome pasar.
Cerré el video.
Ya tenía la respuesta a una pregunta.
Sí, el sistema había guardado lo ocurrido.
Pero eso abrió otra mucho peor.
¿Qué más había quedado grabado?
—¿Qué estás viendo?
Levanté la cabeza.
Ethan estaba al pie de las escaleras.
Bloqueé el teléfono.
—Nada que necesites ver.
Su cara cambió.
No fue enojo primero.
Fue reconocimiento.
Miró hacia la cámara del pasillo.
Después hacia mi teléfono.
—¿Descargaste las grabaciones?
No contesté.
Eso bastó.
Cruzó la sala rápidamente.
Me levanté antes de que llegara.
—Claire, dame el teléfono.
—No.
—Ese sistema también es mío.
—La casa también era mía hace una hora y eso no te impidió prohibirme entrar al cuarto de mi hijo.
—No mezcles las cosas.
—Tú las mezclaste cuando metiste a Vanessa ahí.
Él bajó la voz.
—Borra las grabaciones.
Por primera vez sentí que el aire de la casa cambiaba.
No me estaba preguntando qué había guardado.
Me estaba diciendo que lo borrara.
—¿Por qué?
Ethan abrió la boca.
Vanessa apareció en la escalera.
—¿Qué grabaciones?
Él ni siquiera la miró.
—Vete arriba.
Ella se quedó inmóvil.
—Ethan, ¿qué grabaciones?
—Vanessa.
—Estoy cansada de que me hables como si yo tampoco tuviera derecho a saber qué está pasando.
La miré.
—Bienvenida.
Ethan giró hacia mí.
—No hagas esto.
—¿Hacer qué? ¿Dejar que escuche cómo hablas cuando ya no puedes controlar la conversación?
Su rostro se endureció.
Vanessa bajó los últimos escalones.
—¿Me grabaron dentro de la casa?
—Las cámaras son de seguridad —dije—. Ethan lo sabe.