PARTE 2: Mi esposo me dejó fuera del cuarto de nuestro bebé a dos semanas de dar a luz. Su amante ya estaba adentro, sosteniendo la mantita que yo había comprado. —Vanessa va a ayudarme con el bebé —dijo Ethan, bloqueándome la puerta con el brazo—. Porque tú claramente no puedes con ser mamá. No le rogué que me dejara entrar. Puse la mano sobre mi enorme vientre y le pregunté: —¿Quién te dijo que yo era la que se iba? Ethan soltó una carcajada. Pero dejó de reírse cuando mi teléfono vibró y apareció un mensaje que él alcanzó a leer: “Mudanza confirmada para el viernes.”

Ella lo miró.

—Me dijiste que casi nunca funcionaban.

Silencio.

Otra respuesta.

Vanessa sabía de las cámaras.

Pero Ethan le había hecho creer que no importaban.

La pregunta ya no era sólo qué había grabado el sistema.

Era por qué Ethan necesitaba que todos creyéramos que no había nada que conservar.

Guardé el teléfono en el bolsillo.

—Voy a dormir.

Ethan se interpuso.

—Primero dime quién autorizó esa residencia.

—Yo.

—¿Con qué dinero?

La pregunta salió demasiado rápido.

Vanessa lo miró de lado.

Yo sonreí apenas.

—Ésa es la parte que más te preocupa, ¿verdad?

—No tienes ingresos.

—Estoy de licencia, Ethan. No muerta.

—Tus cuentas…

Se detuvo.

Yo no.

—¿Mis cuentas qué?

Su silencio duró un segundo de más.

—Nada.

—Termina la frase.

—Dije que nada.

Ahí tomé mi siguiente decisión.

Saqué el teléfono frente a él.

No para mostrarle nada.

Para llamar.

Ethan estiró la mano.

—Claire.

Retrocedí.

—No vuelvas a tocarme.

Rosa apareció en la entrada de la cocina.

Ethan la vio.

Su mano cayó.

Marqué el mismo contacto de antes.

—Hola —dije cuando contestaron—. Quiero mantener el viernes. Y quiero que el acceso siga autorizado únicamente como lo dejamos.

Ethan palideció.

—Claire, cuelga.

Le di la espalda.

—Sí. Exactamente igual.

Colgué.

Ya no había falsa esperanza.

No estaba amenazando con irme.

Me iba.

Vanessa subió lentamente las escaleras sin decir nada. Ethan la observó alejarse y luego se acercó a mí.

—Estás destruyendo esto por una pelea.

—No.

—Nuestro hijo va a nacer en dos semanas.

—Lo sé mejor que tú.

—Entonces piensa en él.

Mi mano fue automáticamente a mi vientre.

—Eso es exactamente lo que estoy haciendo.

Ethan bajó la mirada hacia mi mano.

Durante un instante volvió a parecer el hombre con quien me había casado.

—Podemos arreglarlo —dijo.

No respondí.

—Vanessa se va hoy.

Desde arriba se escuchó algo caer.

Ethan cerró los ojos.

—Hablaré con ella.

—No necesito que la corras.

—Claire…

—Necesito que entiendas que esto dejó de depender de lo que tú permitas.

Pasé junto a él.

Esta vez no intentó detenerme.

Llegué al segundo piso y encontré a Vanessa junto al cuarto del bebé. Tenía una pequeña pila de ropa entre los brazos.

—¿Ya ganaste? —me preguntó.

Me detuve.

—Esto nunca fue una competencia.

—Claro que sí.

—Para ti, quizá.

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