Dijo que era una póliza familiar para protegernos si ocurría una emergencia.
Yo había confiado en él.
Laura me observó.
—Mariana, ¿qué sucede?
Le mostré el mensaje.
Su expresión se volvió seria.
—Necesitamos conseguir una copia de esa póliza.
Esa misma tarde, mientras Renata dormía sobre mi pecho, recibí un correo de la aseguradora confirmando la recepción de mi solicitud de información.
Adjuntaba una copia preliminar de los datos de la póliza.
Abrí el documento.
Leí mi nombre.
Después el de Diego.
Y finalmente llegué al apartado de beneficiarios.
Sentí que la respiración se me detenía.
Porque el beneficiario principal no era mi