Coloqué sobre la mesa seis comprobantes.
Treinta mil pesos.
Veinticinco mil.
Cuarenta
mil.
Veinte mil.
Treinta y cinco mil.
Cuarenta mil.
En total, ciento noventa mil pesos.
Mi madre se llevó una mano al pecho.
—Mariana, ¿qué es todo esto?
Respiré profundamente.
—Dinero que salió de nuestra cuenta de ahorro durante los últimos cuatro meses.
Diego dio un paso hacia mí.
—Eso es privado.
Don Ernesto golpeó suavemente la mesa.
—Siéntate, Diego.
Mi esposo obedeció.
Por primera vez aquella noche parecía realmente asustado.
—Ese dinero era para el enganche de una casa —expliqué—. Llevábamos dos años ahorrando.
Mi suegra comenzó a llorar.
—Diego, dime que no lo gastaste con esa mujer.
Él se frotó la cara.
—No entienden.
—Entonces explícanos —respondí.
Señalé el nombre que aparecía en cuatro transferencias.
D. Salazar Consultoría Comercial.
—¿Quién es D. Salazar?
Diego no respondió.
Yo ya conocía la respuesta.