—Daniela Salazar. Tu coordinadora.
Paula apretó los labios.
Mi padre, que hasta entonces había permanecido callado, preguntó:—¿Le regalaste los ahorros familiares a tu amante?
Diego levantó la cabeza.
—Era una inversión.
Solté una risa sin alegría.
—Eso mismo me dijiste cuando retiraste cuarenta mil pesos para una supuesta oportunidad de negocios.
Mi suegro extendió la mano.
—Déjame ver esos documentos.
Se los entregué.
Ernesto había trabajado treinta años como contador antes de jubilarse.
Revisó los comprobantes con una atención que hizo que Diego comenzara a mover nerviosamente una pierna.
—Aquí hay algo raro —murmuró.
Levanté la mirada.
—¿Qué cosa?
Don Ernesto señaló una transferencia.
—Esta operación no parece un simple pago personal. Tiene una referencia relacionada con un contrato de suministro.
Diego se levantó de golpe.
—Papá, no te metas.
Su padre lo miró fijamente.
—¿Utilizaste dinero familiar para cubrir operaciones de tu trabajo?