—Ya llegamos. Lucía llevaba 9 años sin volver a aquel pequeño pueblo de Extremadura. Y era la primera vez que Álvaro Salcedo, heredero de una de las empresas de distribución de alimentos más grandes de España, conocería a sus suegros.
Durante sus 4 años juntos, Lucía nunca había dicho abiertamente que sus padres fueran ricos.
Tampoco había corregido a Álvaro cuando él empezó a imaginarlo. Siempre decía «la finca de mi familia», pero nunca mencionaba las grietas en las paredes encaladas de la casa.
Decía que su padre trabajaba «en el sector agrícola», pero evitaba contar que durante años había visto a Julián regresar cubierto de polvo, con las manos partidas por el trabajo.
De Mercedes, su madre, hablaba todavía menos. Al entrar al patio, Lucía sintió un nudo en el estómago.