Pero no sus hábitos precisos. Nicolás fotografió todos los documentos y llamó a su abogado, Adrián Ferrer.
Adrián fue categórico:
«No te enfrentes a Nuria hoy. Si se da cuenta de lo que sabes, podría destruir documentos, mover dinero o inventar nuevas explicaciones».
Eso fue lo más difícil para Nicolás.
Tenía que volver junto a la mujer que había manipulado a sus padres y fingir que no sabía nada.
Durante dos días, se mostró tranquilo.
Fue a visitarlos.
Hizo preguntas triviales.
Incluso halagó a Nuria.
«Menos mal que estás aquí. Sabes gestionar todo esto mucho mejor que yo desde Madrid».
Ella cayó en la trampa.
Empezó a hablar con orgullo de las cuentas, los medicamentos, las facturas y sus supuestas «decisiones responsables».
Repetía que Manuel confundía las fechas y que Carmen se ponía nerviosa con los bancos.