Regresé a Valencia sin avisar y oí a mi padre pedir permiso para sentarse a la mesa que habían preparado.

«A su edad, la tranquilidad es más importante que la independencia», declaró.

Manuel bajó la cabeza.

Carmen apretó los dedos alrededor de su taza.

Nicolás sonrió.

«Supongo que tienes razón».

Más tarde, Nuria sacó una carpeta de un armario.

«Ya que estás aquí, podríamos arreglar un último asunto».

Sacó un nuevo documento.

Nicolás debía reconocer oficialmente que Javier era la persona competente para gestionar los asuntos financieros de sus padres.

Parecía un mero trámite.

Pero Adrián había descubierto que ciertas cláusulas podrían utilizarse más adelante como prueba del consentimiento de Manuel y Carmen para transferir más control a Javier.

Nicolás cerró la carpeta con calma.

—La firmaremos mañana, durante la cena. Todos juntos.

Nuria frunció el ceño.

—No hace falta reunir a todo el mundo.

—Para mí, sí.

—Tus padres se cansan.

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