Regresé a Valencia sin avisar y oí a mi padre pedir permiso para sentarse a la mesa que habían preparado.

—Entonces la cena será breve.

Nicolás añadió, como si tal cosa:

—Adrián también estará allí. Es mi abogado. Revisa todo lo que firmo.

La mandíbula de Nuria se tensó.

Por primera vez, Nicolás percibió una grieta en la máscara de mujer paciente que ella llevaba puesta desde hacía meses.

Más tarde, cuando Nicolás se disponía a marcharse, Javier lo alcanzó en el garaje.

—No hagas eso.

Nicolás lo miró.

—¿Por qué?

Javier echó un vistazo hacia la casa para asegurarse de que Nuria no los observaba.

—Porque hay documentos a mi nombre que ni siquiera entiendo.

Permanecieron unos segundos frente a frente.

Finalmente, Javier se dirigió al antiguo taller de Manuel.

Parecía haber envejecido varios años en cuestión de días.

Al principio, intentó justificarse.

Explicó que él se había quedado en Valencia mientras Nicolás viajaba.

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