Ricardo Prometió Mi Oficina por Seis Meses. Su Firma Terminó Costándole la Casa.

Guadalupe señaló la cuna portátil ya guardada.

—Podemos pasar la noche en un hotel. Mañana vemos.

Ricardo se apresuró a abrir la boca.

—No hace falta. Mariana y yo vamos a...

—No hables por mí —lo interrumpí.

Guadalupe salió hacia la reja. Ximena tomó el bolso de pañales de la silla; antes de seguirla, se detuvo frente a Ricardo.

—Me aseguraste que podía llegar hoy con mi hijo —dijo.

—Y puedes. Sólo necesito hablar con Mariana.

—Eso debiste hacer antes de traerme.

No lo dijo para defenderme. Estaba reclamándole una promesa que él le había hecho. Por una vez, sin embargo, Ricardo tuvo que recibir el reclamo sin esconderse detrás de mí.

Cuando la camioneta arrancó, quedaron las marcas de sus llantas en el polvo de la calle y una sábana doblada sobre el respaldo de la silla. Ximena la había sacado del cuarto de visitas. La recogí. Olía al jabón con el que lavé la ropa de cama la noche anterior.

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