Ricardo Prometió Mi Oficina por Seis Meses. Su Firma Terminó Costándole la Casa.

Ricardo cerró la reja con demasiada fuerza.

—Fernanda, ya hiciste tu trabajo. Lo que sigue es asunto de mi esposa y mío.

Ella guardó la carpeta.

—Lo que sigue también tiene que ver con el uso de una dirección y con dinero que salió de una cuenta compartida. Mariana decidirá qué quiere hacer. Yo voy a explicarle sus opciones.

—Claro —dijo él—. Le llenaste la cabeza de ideas.

Pensé en decirle que no había necesitado ayuda para notar las transferencias, ni para escuchar cómo disponía de mi oficina. Pero Fernanda me miró y aguardó mi respuesta.

—Quiero que se quede —dije—. Tú y yo hablaremos después.

Ricardo cruzó la sala rumbo a la escalera. En el primer escalón se volvió.

—Cuando se te pase el enojo, te vas a dar cuenta de lo que acabas de hacer.

Lo oí entrar al dormitorio y cerrar la puerta.

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