Ricardo Prometió Mi Oficina por Seis Meses. Su Firma Terminó Costándole la Casa.

Fernanda encontró el registro de MBR Wellness Group. La dueña era Ximena: la amiga a quien, según Ricardo, apenas trataba por asuntos de trabajo. También revisó la escritura de la casa. Mi nombre era el único que aparecía como propietaria.

No me sugirió gritarle, seguirlo ni revisar su teléfono.

—Primero entiende qué hizo —me dijo—. Luego decides qué vas a hacer tú.

La semana en que Ricardo anunció que Ximena y su bebé vivirían con nosotros durante seis meses, esa frase volvió a mi cabeza. Lo dijo mirando su celular, sin apartar el pulgar de la pantalla.

—Tú trabajas desde aquí. Puedes echarle la mano.

Le pregunté si acababa de ofrecerme como niñera. Frunció el ceño.

—No empieces.

Después me ordenó preparar el cuarto de visitas. Le dije que sí. Puse sábanas limpias, compré flores y despejé el patio. Cuando me felicitó por «portarme como adulta», tuve que apretar los dientes para no contestarle.

Ahora Fernanda estaba frente a él con una copia de un acuerdo firmado tres meses atrás. MBR Wellness Group podía usar mi dirección como domicilio fiscal y ocupar mi oficina durante seis meses. Ricardo le había prometido todo eso a Ximena por escrito mucho antes de avisarme que ella necesitaba un lugar donde quedarse.

—Te hicimos una pregunta —dijo Fernanda—. ¿Ya usaron la dirección de Mariana?

Ximena apretó las llaves de su camioneta hasta que le marcaron la palma.

—Sí —respondió por fin—. Ya aparece en nuestros trámites.

Ésa fue la primera vez que entendí que quitarme la oficina no era solamente una ocurrencia para acomodar sus maletas. Mi casa ya figuraba en papeles de una empresa que yo no conocía por dentro, no había autorizado y a la que habían ido a parar nuestros ahorros.

—¿En cuáles trámites? —pregunté.

Ricardo se interpuso ligeramente entre Ximena y yo.

—Lo podemos arreglar. No hay necesidad de hacer esto enfrente de todos.

—Tuvieron tres meses para hablarlo conmigo en privado.

Fernanda abrió la carpeta sobre la mesa del jardín. No hubo golpes ni grandes declaraciones. Sacó una hoja y la puso donde los tres pudiéramos verla.

—Ximena, necesito que distingamos dos cosas. Si tu empresa ya dio esta dirección a terceros, habrá que corregirlo. Pero ningún documento firmado por Ricardo te permite instalarte en una casa que no es de él.

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