Ricardo Prometió Mi Oficina por Seis Meses. Su Firma Terminó Costándole la Casa.

—Necesitaremos copias —dijo—. Y necesitamos aclarar qué eran esas transferencias: inversión, préstamo o pago.

Ximena se quedó quieta.

—Ricardo dijo que era su aportación.

—No firmé ninguna aportación —contesté.

—Lo sé ahora.

Apoyé las manos en la mesa. Había ido dispuesta a escuchar, no a discutir la realidad de cada papel.

—El sábado llegaste a mi casa y me pusiste un bolso de pañales en las manos. Abriste mi refrigerador. Me dijiste que trabajara en el comedor. ¿De verdad pensabas que yo sabía de un negocio en el que se habían usado 71,400 dólares de nuestra cuenta?

Ximena desvió la mirada hacia el ventanal.

—Ricardo me dijo que ya estaban de acuerdo.

—¿Le preguntaste a él nada más?

—Sí.

Lo dijo sin disculparse. Al menos dejó de insinuar que yo había cambiado de parecer a última hora.

Fernanda separó las fotografías de los documentos.

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