Ricardo Prometió Mi Oficina por Seis Meses. Su Firma Terminó Costándole la Casa.

—La dirección hay que corregirla sin esperar a que ustedes resuelvan el dinero. De eso podemos dejar un compromiso por escrito hoy.

Ximena asintió. Estaba lista para firmar esa parte. Con el dinero, en cambio, insistió en que Ricardo había participado voluntariamente y en que ella ya lo había destinado al negocio. Fernanda le explicó que yo conservaba el derecho de reclamar lo que correspondiera; ninguna de las dos prometió que sería sencillo ni inmediato.

Al salir, Ximena me alcanzó en el pasillo.

—Mi mamá cree que debí revisar la escritura —dijo—. Yo creí que Ricardo no iba a mentirme sobre una cosa así.

—Te mintió sobre la casa —respondí—. Sobre mí pudiste preguntarme.

Se acomodó el bolso y no me siguió.

Las siguientes dos semanas tuvieron el ritmo desagradable de una gotera: cada día aparecía algo pequeño que había que atender. Una empresa de mensajería llegó con un paquete dirigido a MBR Wellness Group. No lo recibí. Dejé copia del aviso para Fernanda y enviamos a Ximena la fotografía de la guía. Ella confirmó que aún había proveedores con la dirección anterior. Por las noches yo revisaba mi correo de trabajo, los estados bancarios y las solicitudes de corrección que Ximena mandaba, mientras Ricardo rondaba la sala esperando el momento de convencerme de que ya era suficiente.

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