Ricardo Prometió Mi Oficina por Seis Meses. Su Firma Terminó Costándole la Casa.

Una tarde me encontró recogiendo de la impresora otro estado de cuenta.

—No tienes que revisar cada hoja como si yo fuera un extraño —dijo.

—No necesito seguir casada contigo para revisar una cuenta donde también puse dinero.

Se quedó en la puerta.

—¿Estás diciendo que quieres divorciarte?

Había imaginado esa conversación varias veces. En ninguna versión estaba la impresora pitando porque se había quedado sin papel.

—Estoy diciendo que ya no confío en ti para compartir esta casa ni una cuenta —respondí—. Voy a hablar con Fernanda sobre la separación.

Ricardo apoyó la mano en el marco de la puerta de la oficina. La cerradura nueva brillaba a la altura de su codo.

—Cuatro años, Mariana. ¿Vas a tirar cuatro años por ayudar a alguien?

—Los diez meses de transferencias no los hice yo. Tampoco firmé el acuerdo.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *