Ricardo Prometió Mi Oficina por Seis Meses. Su Firma Terminó Costándole la Casa.

—Siempre regresas al papel.

—Porque cada vez que te pregunto por una decisión, resulta que ya la tomaste y ya pusiste mi nombre o mi casa junto a ella.

Él bajó la mano. Por un momento pensé que iba a contestarme de frente. En cambio, dijo:

—Fernanda te está cobrando por convertir esto en una guerra.

—Fernanda no firmó por ti.

Cerré la puerta de la oficina. Me quedé del otro lado, con la hoja todavía tibia en las manos, hasta que escuché sus pasos alejarse.

No dejé de trabajar durante esos días. Tenía una entrega pendiente para un hospital y una reunión por video con tres personas que no sabían nada de lo que ocurría en mi casa. El miércoles, mientras explicaba un cambio en el sistema, sonó el timbre. El repartidor sostuvo desde la reja un sobre para MBR.

Apagué el micrófono.

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