Ricardo Prometió Mi Oficina por Seis Meses. Su Firma Terminó Costándole la Casa.

—Aquí no opera esa empresa —le dije.

Consultó su pantalla.

—Ya vine ayer. Me van a pedir que regrese otra vez.

Le pasé por mensaje a Ximena la fotografía de la etiqueta. A los pocos minutos contestó: *Voy por él al centro de distribución. Ya pedí el cambio*. Volví a la reunión con las manos temblorosas. Mi cliente me preguntó si la conexión se había cortado; le dije que había tenido una interrupción en casa y retomé la explicación.

Esa noche, después de cenar, Ricardo dejó un llavero sobre la mesa. Tenía la llave del portón y la de la puerta principal.

—Me voy a quedar unos días fuera —dijo—. Así puedes pensar sin que estemos peleando.

No le pregunté dónde. Ya no quería pasar otra noche escuchando una respuesta que después tendría que comprobar. Le pedí que se llevara su ropa necesaria y que acordáramos por escrito cuándo volvería por el resto.

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