Ricardo Prometió Mi Oficina por Seis Meses. Su Firma Terminó Costándole la Casa.

—No va a perder nada si el negocio funciona.

Ximena dejó de acomodar sus papeles.

—Eso tampoco me lo puedes garantizar —dijo.

Ricardo la miró, sorprendido de que no lo apoyara. Ximena había pasado días buscando otro lugar para operar, corrigiendo una dirección y explicándole a proveedores por qué no recibiría paquetes en mi casa. Seguía defendiendo su negocio, pero no podía fingir que Ricardo cumplió lo que le prometió.

Fernanda pidió a Ximena que explicara, con sus propios documentos, cómo había registrado el dinero. Ella abrió la carpeta de gastos.

—Lo recibí como aportación de Ricardo para poner en marcha la empresa —dijo—. Contaba también con el uso de la oficina, como dice el acuerdo.

—¿Y si esa oficina no estaba disponible? —preguntó Fernanda.

Ximena buscó una página hacia el final.

—El acuerdo prevé que Ricardo me consiga un espacio equivalente. Lo firmó él.

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