Ésa era la segunda promesa que Ricardo había hecho con la seguridad de que yo terminaría facilitándole la primera. Si no lograba instalarla en mi casa, tendría que encontrar otro lugar para su operación.
Ricardo extendió la mano hacia el documento.
—Eso se escribió suponiendo que podíamos resolver cualquier inconveniente —dijo.
—Este inconveniente tenía nombre —contesté—. Yo.
Fernanda leyó la cláusula completa antes de hablar. No aseguró que por sí sola resolviera todos los reclamos de Ximena; sí dejó claro que mi firma no estaba ahí y que cualquier compromiso asumido por Ricardo le correspondía discutirlo a él.
Ximena cerró la carpeta.
—Necesito seguir trabajando. Ya tuve que pagar el hotel y voy a rentar un consultorio temporal. Eso no sale gratis.
Ricardo apretó la mandíbula.
—Podemos hablar de esos gastos después.
—Eso mismo me dijiste cuando Mariana preguntó por la casa.