—Necesito que Ximena nos diga qué recibió a cambio de ellas. Sin adivinar.
Volvimos al patio. El bebé estaba despierto sobre el hombro de Guadalupe, entretenido en jalarle una cadena. Los cargadores habían acomodado las cajas otra vez dentro de la camioneta, pero aguardaban el pago.
Ximena tomó los comprobantes de manos de Fernanda. Su expresión cambió al ver el total, aunque no dijo que la cifra fuera incorrecta.
—Yo recibí el dinero para echar a andar MBR —dijo—. Renta, equipo, trámites. Ricardo iba a participar.
—¿Cómo iba a participar? —pregunté.
—Con el capital y este espacio. Después veríamos lo que correspondía a cada quien.
Fernanda no dejó pasar la respuesta.
—¿Tienes firmado con Mariana algún acuerdo para invertir su dinero o usar su casa?
—Con ella, no.
—Entonces no des por hecho que Ricardo podía ofrecer ninguna de las dos cosas.
Ximena me sostuvo la mirada. No parecía arrepentida de haberse instalado en mi sala ni de haberme asignado un lugar en el comedor. Estaba enojada porque el arreglo que le convenía empezaba a deshacerse delante de ella.
—Si él usó dinero de los dos, ése es un problema entre ustedes —dijo—. Yo hice gastos contando con que iba a trabajar aquí.
—Y yo tendría que haber dejado mi trabajo para que tú pudieras hacerlo —respondí.
Ricardo intentó tocarme el hombro. Me aparté.
Guadalupe, que hasta entonces había guardado silencio, acomodó al bebé y le habló a su hija.
—Paga a los muchachos. Luego hablamos de dónde se van a quedar.
—Mamá...
—Aquí ya te dijeron que no.
Ximena sacó efectivo de su cartera. Mientras los cargadores sujetaban la última caja con una correa, Fernanda le pidió que buscara conmigo un momento al día siguiente. Necesitábamos saber exactamente dónde se había usado la dirección y solicitar las correcciones. Ximena prometió enviar los datos, aunque lo hizo mirando a Ricardo.
Guadalupe señaló la cuna portátil ya guardada.
—Podemos pasar la noche en un hotel. Mañana vemos.
Ricardo se apresuró a abrir la boca.
—No hace falta. Mariana y yo vamos a...
—No hables por mí —lo interrumpí.
Guadalupe salió hacia la reja. Ximena tomó el bolso de pañales de la silla; antes de seguirla, se detuvo frente a Ricardo.
—Me aseguraste que podía llegar hoy con mi hijo —dijo.