Ricardo Prometió Mi Oficina por Seis Meses. Su Firma Terminó Costándole la Casa.

—Y puedes. Sólo necesito hablar con Mariana.

—Eso debiste hacer antes de traerme.

No lo dijo para defenderme. Estaba reclamándole una promesa que él le había hecho. Por una vez, sin embargo, Ricardo tuvo que recibir el reclamo sin esconderse detrás de mí.

Cuando la camioneta arrancó, quedaron las marcas de sus llantas en el polvo de la calle y una sábana doblada sobre el respaldo de la silla. Ximena la había sacado del cuarto de visitas. La recogí. Olía al jabón con el que lavé la ropa de cama la noche anterior.

Ricardo cerró la reja con demasiada fuerza.

—Fernanda, ya hiciste tu trabajo. Lo que sigue es asunto de mi esposa y mío.

Ella guardó la carpeta.

—Lo que sigue también tiene que ver con el uso de una dirección y con dinero que salió de una cuenta compartida. Mariana decidirá qué quiere hacer. Yo voy a explicarle sus opciones.

—Claro —dijo él—. Le llenaste la cabeza de ideas.

Pensé en decirle que no había necesitado ayuda para notar las transferencias, ni para escuchar cómo disponía de mi oficina. Pero Fernanda me miró y aguardó mi respuesta.

—Quiero que se quede —dije—. Tú y yo hablaremos después.

Ricardo cruzó la sala rumbo a la escalera. En el primer escalón se volvió.

—Cuando se te pase el enojo, te vas a dar cuenta de lo que acabas de hacer.

Lo oí entrar al dormitorio y cerrar la puerta.

Fernanda no comentó la escena. Extendió el acuerdo sobre la mesa de la cocina y puso junto a él mis comprobantes bancarios.

—Hay cosas que podemos atender hoy —dijo—. Lo demás va a llevar tiempo.

Mi celular vibró con un mensaje de Ximena: *El bebé tiene sus cosas en la camioneta. No esperaba terminar buscando hotel*. Lo leí dos veces. Luego escribí: *Lamento que tengas que cambiar tus planes. La casa no estaba disponible para que vivieran aquí*. Antes de enviarlo, se lo mostré a Fernanda.

—Está bien —dijo.

Apreté enviar.

Esa tarde fui al banco. El aire acondicionado estaba tan fuerte que agradecí haber llevado un suéter. Fernanda me acompañó para pedir estados de cuenta, preguntar por los movimientos y asegurarme de que Ricardo no pudiera seguir usando mis accesos personales. La cuenta era conjunta; nadie iba a deshacer las transferencias porque yo las desconociera dentro de mi matrimonio. La empleada nos explicó qué podía solicitar y qué requería la intervención o la firma de ambos.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *