Ricardo Prometió Mi Oficina por Seis Meses. Su Firma Terminó Costándole la Casa.

—Tiene camioneta, tiene a Guadalupe y tiene a su amigo que le prometió alojamiento.

—Ya sabes que no puedo meterla en mi departamento. Lo renté cuando nos casamos.

—Entonces tendrás que conseguirle otro lugar.

Se recargó en el fregadero, furioso.

—Te estás vengando porque hice unos movimientos con la cuenta.

La manera en que dijo *unos movimientos* me dejó el vaso detenido a medio llenar. Cerré la llave.

—Setenta y un mil cuatrocientos dólares, Ricardo.

Por primera vez desde que llegó Fernanda, perdió la expresión de hombre al que estaban tratando injustamente. Miró hacia el patio. Fernanda hablaba con Ximena y Guadalupe junto a las cajas.

—¿Revisaste todos mis pagos?

—Revisé nuestra cuenta conjunta.

—Era una inversión.

—Entonces debiste preguntarme si quería invertir.

Ricardo señaló hacia afuera, como si el patio pudiera explicarlo por él.

—Ximena iba a levantar el negocio. Después íbamos a recuperar más.

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