PARTE 3
—Mariana, no hagas un escándalo —murmuró Rodrigo.
Lo miré.
Aquella frase resumía seis años de matrimonio.
Cuando yo reclamaba porque no llegaba el dinero para una consulta, hacía un escándalo.
Cuando preguntaba por qué Valeria lo acompañaba a viajes donde supuestamente no podían ir familiares, hacía un escándalo.
Cuando pedía que visitara a Sofía en el hospital, hacía un escándalo.
Hasta para llorar necesitaba su permiso.
—No vine a hacer un escándalo —respondí—. Vine a cerrar cuentas.
Abrí la carpeta.
—En tres años, Grupo Cárdenas reportó veintisiete millones de pesos como gastos de representación vinculados a contratos internacionales. De esos veintisiete millones, más de once terminaron en consumos personales, viajes y propiedades utilizadas por ustedes dos.
Valeria perdió el color.
—Eso es mentira.
—Departamento en Polanco. Renta pagada por una empresa proveedora del grupo. Viajes a Milán, Madrid y Tokio registrados como reuniones con clientes que nunca estuvieron presentes. Una camioneta comprada a nombre de una consultora que no tiene empleados. Cuentas de joyería cargadas como “obsequios institucionales”.