Salí de prisión después de 5 años y mi yerno me esperaba junto a su coche de lujo, dejando caer billetes delante de mí como si yo no valiera nada. «Toma 100.000 euros y desaparece.» No recogí ni uno: fui directamente a buscar una vieja caja que había ocultado antes de mi condena. Dentro encontré la escritura del terreno sobre el que había levantado su imperio.

Álvaro sonrió con desprecio.

—¿Ha venido a amenazarme delante de mis socios?

—He venido a hacerte una pregunta.

—Adelante.

Mateo levantó la mirada hacia la torre.

—¿Sobre qué terreno has construido esto?

Álvaro soltó una carcajada.

—Sobre terreno de la empresa.

Nuria abrió su carpeta.

—Eso no es correcto.

Entregó varias certificaciones.

Explicó que el suelo pertenecía a Mateo y que la sociedad había explotado la parcela mediante un derecho temporal constituido décadas atrás.

La prórroga presentada a las entidades financieras contenía una firma atribuida a Mateo.

El notario señaló la fecha.

Mateo estaba en prisión cuando supuestamente había acudido a firmarla.

Un representante del banco pidió ver la escritura.

Otro inversor comenzó a revisar documentos desde su teléfono.

Álvaro elevó la voz.

—Debe de existir otra copia.

—Existe —respondió Nuria—. Precisamente esa copia es la que está siendo analizada.

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