Salí de prisión después de 5 años y mi yerno me esperaba junto a su coche de lujo, dejando caer billetes delante de mí como si yo no valiera nada. «Toma 100.000 euros y desaparece.» No recogí ni uno: fui directamente a buscar una vieja caja que había ocultado antes de mi condena. Dentro encontré la escritura del terreno sobre el que había levantado su imperio.

Varias cámaras se giraron hacia ella.

—También me dijo que los 18 millones que faltaban demostraban que mi padre había traicionado a sus trabajadores.

Clara levantó una memoria USB.

—Hace unas semanas descubrí que muchas de las firmas utilizadas por Álvaro no eran auténticas.

—¡Eso es mentira!

—Y encontré una conversación grabada.

Nuria pidió que no se reprodujera completa para no perjudicar las actuaciones posteriores, pero Clara insistió en utilizar únicamente un breve fragmento ya preservado.

La voz de Álvaro sonó por los altavoces.

—Tu padre jamás me habría entregado el control. Había que apartarlo.

Después llegó la segunda frase.

—Ese dinero nunca desapareció. Se movió entre sociedades.

El salón quedó completamente en silencio.

Álvaro se lanzó hacia la mesa del sonido.

Uno de los responsables del evento se interpuso.

—Está sacado de contexto —gritó—. ¡Todo está manipulado!

Nuria respondió:

—Los archivos originales ya están preservados para que puedan ser analizados. Nadie aquí tiene que decidir su valor jurídico.

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