Álvaro soltó una sonrisa breve.
—Mi esposa no quiere volver a verle. Para ella, usted dejó de ser su padre el día que robó a sus propios empleados.
Mateo sintió el golpe con más fuerza que cualquier puerta cerrándose durante aquellos 5 años.
Clara era su única hija.
Su esposa, Elena, había fallecido 8 años antes del juicio. Después de aquello, Mateo había cometido el error de confiar en Álvaro como si realmente fuera el hijo que nunca tuvo. Lo nombró director financiero, le permitió negociar con bancos y le dio acceso a todas las sociedades del grupo.
Meses después aparecieron transferencias con la firma de Mateo.
Luego testigos.
Después informes que insinuaban problemas de memoria.
Finalmente, una condena.
Cuando Mateo entró en prisión, Álvaro tomó el control de la compañía.
—Mañana presentamos Torre Montalbán —dijo el yerno—. El proyecto más grande que esta empresa ha construido. Más de 300 millones en inversión. Usted debería aceptar que su época terminó.