Sacó varios billetes del sobre y los dejó caer delante de Mateo.
El viento los arrastró por el asfalto.
Mateo observó el dinero sin agacharse.
—Hace 5 años me quitaste la libertad. Después me quitaste la empresa. Y ahora intentas comprarme por tercera vez.
La expresión de Álvaro cambió.
—No me amenace.
—No es una amenaza.
Mateo levantó la vista hacia él.
—Es un consejo. Disfruta mucho de mañana.
Álvaro rio.
—¿Qué piensa hacer? ¿Construir otra empresa con las manos vacías?
Mateo se marchó sin responder.
Tomó un autobús hasta Carabanchel y después caminó varias calles hasta un viejo almacén de herramientas propiedad de Julián, antiguo encargado de obras de Construcciones Rivas.
Cuando Julián lo vio entrar, dejó caer una llave inglesa.
—Don Mateo…
Los 2 hombres se abrazaron sin decir nada durante varios segundos.
Mateo solo hizo una pregunta.
—¿Conservaste la caja?