Mateo miró la fecha.
Ese día estaba cumpliendo condena a cientos de kilómetros.
—Otra firma falsa —murmuró.
Nuria no sonrió.
—Y quizá la pieza que necesitamos para reabrir lo demás.
Pero Mateo apenas pensaba en la torre.
Pensaba en Clara.
Durante 5 años había enviado cartas a su hija. Al principio una cada semana. Después una al mes. Nunca recibió respuesta.
Álvaro siempre decía lo mismo a través de los abogados: Clara no deseaba contacto.
Esa noche, Mateo hizo algo que Nuria le había desaconsejado.
Fue hasta el hotel donde Álvaro celebraba una recepción previa a la presentación de la torre.
Julián consiguió que entrara por el acceso de proveedores.
Desde el pasillo vio a Clara.
Mateo sintió que el mundo se detenía.
Su hija tenía 39 años, pero parecía mucho mayor. Sonreía delante de los invitados, aunque sus ojos no acompañaban aquella sonrisa.