Salí de prisión después de 5 años y mi yerno me esperaba junto a su coche de lujo, dejando caer billetes delante de mí como si yo no valiera nada. «Toma 100.000 euros y desaparece.» No recogí ni uno: fui directamente a buscar una vieja caja que había ocultado antes de mi condena. Dentro encontré la escritura del terreno sobre el que había levantado su imperio.

Cuando quedó sola unos segundos, Mateo se acercó.

—Clara.

Ella giró la cabeza.

La copa tembló entre sus dedos.

—Papá…

—Solo necesito saber una cosa. ¿De verdad no querías verme?

Clara miró alrededor.

—Álvaro dijo que tú no querías hablar conmigo.

Mateo permaneció inmóvil.

—Te escribí durante 5 años.

Ella palideció.

—Eso no puede ser.

—Una carta cada semana durante los primeros 8 meses.

Clara bajó la voz.

—Él me enseñó documentos diciendo que habías pedido que no me permitieran visitarte.

Antes de que Mateo pudiera contestar, Álvaro apareció detrás de ella.

—Sabía que haría alguna estupidez.

Tomó a Clara por el brazo.

Mateo vio cómo ella hacía una pequeña mueca.

—Suéltala.

—No vuelva a acercarse a mi mujer.

—Pregúntale por mis cartas, Clara.

Álvaro pidió a seguridad que sacara a Mateo.

Mientras 2 empleados lo acompañaban hacia la salida, Clara consiguió decir algo que cambió por completo la dirección de aquella historia.

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