“Si no te gusta que te llamemos cerda, vete; esta casa ya es de mi hijo”, dijo mi suegra delante de todos. Después de 3 años de aguantar, saqué mi teléfono pero no llamé a nadie. Justo entonces golpearon la puerta. El hombre que entró dejó una carpeta sobre la mesa y preguntó por qué mi esposo había preparado el fraude cinco meses antes de nuestra boda.

Mariana dejó de respirar por un instante.

Continuó leyendo.

“Nomás necesito que confíe en mí. Ya después vemos cómo firma.”

Sintió que las piernas le fallaban.

—¿Me conociste por el departamento? —preguntó.

Rodrigo no contestó.

—Te estoy preguntando si te acercaste a mí porque sabías lo de la herencia.

—No hagas un drama…

Santiago golpeó la mesa con la palma.

—Contéstale.

Rodrigo lo miró con odio.

—¡Sí! —gritó finalmente—. ¡Sí sabía que tenía departamento! ¿Y qué? Eso no significa que todo haya sido planeado.

Mariana cerró los ojos.

De pronto recordó cosas que antes había interpretado como coincidencias.

La primera vez que Rodrigo fue a visitarla, preguntó cuánto tiempo llevaba viviendo ahí.

Durante las primeras semanas de noviazgo quiso saber si existían otros herederos.

Después preguntó por Santiago.

Mariana le había contado que su hermano trabajaba lejos y que casi nunca regresaba.

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