—¿Y adónde vamos a ir?
Mariana la miró.
—Durante tres años, cada vez que me quejaba, me decías que si no me gustaba podía irme a la calle.
Hizo una pausa.
—Ahora te toca resolverlo.
Teresa comenzó a llorar.
—Mariana, piensa las cosas. Somos familia.
—No.
Aquella palabra fue todavía más firme.
—Mi familia jamás habría disfrutado verme llorar.
Rodrigo se acercó de golpe.
—¡No te atrevas a echar a mi madre!
Le sujetó la muñeca.
Antes de que Mariana pudiera reaccionar, Santiago ya estaba frente a él.
—Suéltala.
Rodrigo obedeció.
No hizo falta ninguna pelea.
La mirada de Santiago bastó.
—Una vez más que la toques y esto cambia de tono —dijo.
Rodrigo recogió su chamarra.
—Esto no termina aquí.
—No —contestó Mariana—. Termina en un juzgado.
Durante la siguiente hora empacaron.
Teresa lloró mientras guardaba ropa.
Karla murmuraba insultos.