Subí al yate que regalé a mi hija y encontré una escena imposible; cuando exigí abrir el camarote, Mauricio dejó de sonreír

—Trae los documentos —dije.

Valeria giró la cabeza hacia mí.

—Papá, no firmes nada.

—Solo quiero leerlos.

Mauricio sonrió y ordenó que nos llevaran al salón. Cuando ayudé a mi hija a ponerse de pie, ella acercó los labios a mi oído.

—La mujer encerrada es Fernanda… y Mauricio dice que cuando salgamos a mar abierto, ninguna de las dos volverá.

El capitán encendió los motores.

El suelo vibró bajo mis zapatos.

Mauricio abrió la puerta del salón y los guardias nos empujaron hacia dentro. Antes de cruzar el umbral, volví la vista hacia el camarote. La manija empezó a moverse lentamente, como si alguien del otro lado reuniera las últimas fuerzas para girarla…
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    PARTE 2
    PARTE 3
    Octavio vio el libro rojo y comprendió que todo había cambiado…

PARTE 2

La manija terminó de bajar y la puerta se abrió apenas un dedo.

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