—La trabajadora social me dijo que usted se quedó con Valeria todo este tiempo —continuó Mariana.
—Sí.
—¿Por qué?
Alejandro miró hacia la puerta.
—Cuando la encontré me pidió que no dejara morir a su mamá.
Mariana apretó los labios.
—Y le prometí que me quedaría hasta que usted despertara.
—Pero usted no nos conoce.
Haz clic en el botón de abajo para leer la siguiente parte de la historia. El empresario que tenía millones, pero estaba solo, escuchó llorar a una niña y aquella noche su vida cambió para siempre
—Mi mamá no despierta.
Alejandro Reyes se quedó inmóvil al escuchar aquellas palabras.
La niña, de apenas cinco años, estaba junto a la entrada de un pequeño parque del centro de Querétaro. Apretaba contra el pecho un conejo de peluche gris y tenía los ojos hinchados de tanto llorar.