—¿Dónde está tu mamá? —preguntó Alejandro, agachándose frente a ella.
La niña señaló hacia el interior del parque.
—Allá. Cerca del ángel.
Alejandro no preguntó nada más.
La tomó en brazos y siguió la dirección que indicaba su pequeño dedo.
Hasta hacía unos minutos, Alejandro estaba pensando únicamente en regresar a su departamento.
Tenía cuarenta y cuatro años y había dedicado más de veinte a construir una empresa de servicios financieros que ahora valía una fortuna.
Poseía un departamento enorme, varios autos, inversiones y más dinero del que probablemente necesitaría durante el resto de su vida.
Pero aquella Nochebuena no había nadie esperándolo en casa.
Sus padres habían muerto años atrás.
Su hermano vivía en otro país con su propia familia.
Y la mujer con la que estuvo a punto de casarse había terminado la relación cinco años antes.