—Y fue muy valiente.
Mariana se cubrió el rostro con una mano.
—Debió estar aterrada.
Alejandro acercó una silla.
—Lo estaba.
Mariana respiró profundamente.
—Gracias por no dejarla sola.
—No iba a hacerlo.
Hubo unos segundos de silencio.
Entonces Mariana lo miró con una mezcla de vergüenza y cansancio.
—Seguro ya le dijeron lo de mi diabetes.
Alejandro asintió.
—Solo lo necesario para entender lo ocurrido.
Mariana observó sus propias manos.
—Soy maestra de primaria. Trabajo todo lo que puedo. Pero en los últimos meses tuve muchos gastos.
Había tenido problemas para cubrir medicamentos, consultas, alimentos y renta al mismo tiempo.
A veces retrasaba compras.
Otras veces trataba de hacer durar más ciertos suministros de lo debido.
Sabía que era peligroso.
Pero cada mes parecía traer una nueva cuenta.
—Pensé que podría aguantar un poco más —dijo—. Solo necesitaba llegar al siguiente pago.