Alejandro cerró los ojos un instante.
No había notado lo tenso que estaba hasta escuchar esas palabras.
—¿Va a estar bien?
—Todo indica que sí. Fue una emergencia relacionada con su diabetes. Necesitamos mantenerla en observación.
Alejandro miró inmediatamente a Valeria.
La niña seguía dormida.
—¿Puedo verla?
Poco después entró solo a la habitación de Mariana.
Ella parecía agotada.
Tenía el rostro pálido, pero estaba consciente.
Al verlo, frunció el ceño.
—¿Valeria?
—Está bien.
Mariana intentó incorporarse.
—¿Dónde está?
—Durmiendo. Está aquí, en el hospital.
Los ojos de Mariana se llenaron de lágrimas.
—¿Usted la encontró?
Alejandro asintió.
—Ella me encontró a mí, en realidad.
Mariana cerró los ojos y empezó a llorar en silencio.
—Recuerdo que me sentí mal. Me senté un momento. Después ya no recuerdo nada.
—Valeria fue a buscar ayuda.
—Tiene cinco años.