Mariana lo miró confundida.
Alejandro soltó una pequeña risa, casi avergonzado.
—En mi vida normal, casi todas las personas que se acercan a mí quieren algo. Un negocio. Un contacto. Una inversión. Un favor.
Señaló hacia el pasillo.
—Valeria solo quería a su mamá.
Mariana bajó la mirada.
—Ha sido ella y yo desde que nació.
—Se nota.
—¿Qué cosa?
—Que la quiere mucho.
Mariana sonrió por primera vez.
—Es lo mejor que tengo.
—Creo que ella diría exactamente lo mismo de usted.
Cuando Valeria despertó y supo que su madre estaba consciente, corrió por el pasillo tomada de la mano de Alejandro.
Al entrar en la habitación se lanzó sobre Mariana con tanta fuerza que una enfermera tuvo que recordarle que tuviera cuidado.
—¡Mamá!
Mariana la abrazó llorando.
—Mi niña.
—Alejandro dijo que no te ibas a morir.
Mariana levantó la mirada hacia él.