—Entonces Alejandro cumplió su promesa.
Aquella noche, por indicación del hospital, Valeria se quedó cerca de su madre.
Alejandro también permaneció allí hasta muy tarde.
Al día siguiente regresó.
Y al siguiente también.
Mariana tendría que permanecer unos días en observación.
Después de hablar con ella y seguir las indicaciones del personal correspondiente, Alejandro comenzó a ayudar con Valeria durante el día.
Ahí descubrió algo sorprendente.
No tenía la menor idea de cómo cuidar a una niña de cinco años.
Valeria le enseñó rápidamente.
Los sándwiches debían cortarse en triángulos.
Nunca en cuadrados.
El conejo gris se llamaba Pelusa y debía estar junto a ella para dormir.
Los cuentos tenían que leerse con voces diferentes.
Y Valeria podía hacer más preguntas en diez minutos que todo el consejo directivo de Alejandro durante una reunión de tres horas.