Un empresario millonario oyó llorar a una niña en Nochebuena y descubrió algo que cambió su vida para siempre

—¿Por qué los adultos trabajan tanto?

—Para ganar dinero.

—¿Y para qué quieren dinero?

—Para comprar cosas que necesitan.

—¿Tú necesitas muchas cosas?

Alejandro se quedó pensando.

—Creo que durante mucho tiempo pensé que sí.

—¿Y ahora?

Miró a la niña.

—Ahora no estoy tan seguro.

Valeria aceptó aquella respuesta y volvió a colorear.

La mañana de Navidad, Alejandro llegó al hospital con varias bolsas.

Mariana lo miró sorprendida.

—¿Qué es todo eso?

—Creo que alguien recibió información sobre dónde iba a pasar la Navidad una niña llamada Valeria.

Los ojos de la pequeña se abrieron.

—¿Santa?

Alejandro se encogió de hombros.

—Debe tener buenos contactos.

Valeria abrió primero un libro.

Después encontró colores, una chamarra nueva, un rompecabezas y un pequeño tren de madera.

No eran regalos exagerados.

Alejandro había tenido que contenerse.

Podía haber comprado una habitación llena de juguetes, pero empezaba a comprender que no todo se solucionaba con dinero.

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