Un granjero sordo se casa con una chica obesa por una apuesta; lo que ella le sacó del oído a su esposo dejó a todos atónitos.

Había algo ahí.

Algo oscuro.

Algo vivo.

Se movió.

Clara retrocedió por un instante, con el corazón a punto de estallarle, y luego tomó aire como quien se lanza al vacío. Preparó agua caliente, pinzas finas de costura y alcohol. Elías, pálido y sudoroso, la miró con desconfianza y miedo. Ella escribió con mano firme:

“Hay algo dentro de tu oído. Déjame sacarlo.”

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