Un joven cinturón negro me empujó frente a mi nieto después de insultarme por ser una abuela negra. “¡Lárgate antes de que te dé una lección!”, gritó mientras sus amigos se reían y grababan con sus celulares. Yo solo le advertí que no volviera a tocarme. Pero uno de los testigos reconoció mi nombre y llamó a su padre. Entonces comenzó la verdadera pesadilla del instructor…

—Muchacho, acabas de cometer una estupidez enorme. Esa señora no es cualquier persona.

Entonces sacó su teléfono, buscó una fotografía antigua y se la mostró.

En la imagen aparecían varios integrantes de la Armada de México, vestidos con uniformes de entrenamiento.

En el centro estaba Elena, mucho más joven, con una condecoración sobre el pecho.

Y el hombre que estaba a su lado tenía una historia que Sebastián conocía demasiado bien.

Cuando reconoció aquel rostro, el joven se quedó completamente pálido.

PARTE 3

—Ese hombre es mi papá… —murmuró Sebastián, mirando la fotografía con los ojos desorbitados.

Rafael asintió lentamente.

—Así es. El comandante retirado Fernando Ramírez. Tu padre.

Sebastián conocía aquella imagen. Una copia ampliada había estado colgada durante años en la sala de su casa. Su padre aparecía joven, sonriente, rodeado de compañeros de la Armada de México.

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