Después se volvió hacia los padres que continuaban observando.
—La señora Elena Moreno sirvió durante años en la Armada de México. Fue instructora de defensa personal y entrenó a generaciones de personal naval. Y, aunque ahora esté jubilada, todavía sabe perfectamente cómo controlar a un agresor sin causarle daño innecesario.
Un murmullo recorrió el gimnasio.
Sebastián sintió que el piso desaparecía bajo sus pies.
Había humillado a una mujer por su ropa, por su edad y por el color de su piel.
La había llamado ignorante.
La había empujado frente a su nieto.
Y ahora descubría que aquella anciana había sido una de las personas más respetadas en la trayectoria militar de su propio padre.
—Mi papá jamás me habló de usted —dijo, casi sin voz.
—Sí te habló —intervino Rafael—. Lo que pasa es que nunca escuchaste con atención.