Se llamaba Alina.
Yo le dije que me llamaba Elena.
Y entonces comenzó a contarme su historia.
La verdad detrás de las lágrimas
Alina me contó que su esposo había muerto meses atrás en un accidente laboral. Se había quedado sola, embarazada y con deudas. La familia de su esposo la había acusado de estar solamente interesada en el dinero, y sus propios padres vivían demasiado lejos para poder ayudarla.
El día en que nos habíamos encontrado en el supermercado, no le quedaba absolutamente nada. «Tenía leche solo para una comida más. Después de eso, no sabía qué iba a hacer», me confesó en voz baja.
Le pregunté qué había ocurrido después. Sonrió y respondió con sencillez: «Entonces apareció usted». Yo negué con la cabeza, insistiendo en que solo le había dado un poco de dinero. Pero ella me corrigió: «No. Usted me dio tiempo».