Un padre ofreció dinero a una mesera para fingir ser la madre de su hija, pero ella hizo algo inesperado

Al llegar al automóvil, Sofía soltó la mano de su padre y abrazó a Mariana por la cintura.

La fuerza del abrazo sorprendió a la joven.

—Gracias —dijo la pequeña.

Mariana acarició su espalda.

—Gracias a ti por invitarme a tu cumpleaños.

Sofía tardó unos segundos en separarse.

—Sé que no eres mi mamá.

Mariana se agachó para quedar a su altura.

—Lo sé.

—Solo estábamos jugando.

—Sí.

Sofía miró hacia el suelo.

—Pero se sintió bonito.

Mariana sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas.

—Para mí también.

La niña levantó la mirada.

—A veces quiero una mamá.

Mariana tomó sus pequeñas manos.

—Lo entiendo.

—Papá hace muchas cosas.

Alejandro giró la cabeza discretamente.

—Estoy segura de que sí.

—Aprendió a hacerme trenzas.

Mariana miró hacia Alejandro.

—¿De verdad?

Sofía hizo una mueca.

—Todavía le salen chuecas.

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