Un padre ofreció dinero a una mesera para fingir ser la madre de su hija, pero ella hizo algo inesperado

Era Sofía.

Tenía algo escondido detrás de la espalda.

—Te hice un regalo.

—¿Otro?

—Este es el importante.

Sacó una hoja gruesa.

Había pintado una enorme mariposa con colores intensos.

Una de las alas era más grande que la otra.

Varias líneas se salían de los bordes.

Mariana pensó inmediatamente que era hermosa.

—Es para ti.

—Me encanta.

—La hice porque a ti te gustan las mariposas.

Mariana asintió.

Sofía continuó:

—Y a mi primera mamá también le gustaban.

Mariana sintió que se le cerraba la garganta.

—Entonces ahora las dos tienen algo igual.

Mariana se agachó sin preocuparse por el vestido.

Tomó el dibujo con cuidado.

—Este es el mejor regalo que podía recibir.

Sofía sonrió.

Pero unos segundos después su expresión cambió.

—¿Ahora eres mi mamá de verdad?

Mariana sabía que aquella pregunta llegaría algún día.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *